domingo, 27 de julio de 2008


COLONIALIDAD DEL PODER Y DEL SER: EL INDIGENISMO DE JACQUES ROUMAIN

¿Por qué dice usted Daniel, que esta muchedumbre está triste?
…Porque va hacia el placer, La alegría no atrae la alegría. Usted parece creer que le transmito a todo mi propio desencanto… No. Podríamos ir hasta ese cobertizo donde se vende una pobre felicidad: baile y aguardiente. Le mostraría a esos hombres y a esas mujeres, sus rostros, y usted comprendería entonces que una muchedumbre alegre se compone de hombres tristes. Vería la desesperanza del placer. Pero ¿quiere volver más tarde cuando todo habrá terminado? A la hora en la que no hay más muchedumbre, sino al amanecer lívido, un pequeño rebaño agobiado. A la hora en la que una muchedumbre se desagrega como un racimo que pierde sus frutos. Cada uno de los frutos es amargo.
Jacques Roumain
“Gobernadores del Rocío y otros textos”



Introducción

El presente ensayo asume como lugar de enunciación los aportes hechos por la perspectiva modernidad/colonialidad, como crítica al eurocentrismo, desde una relectura de la historia del sistema-mundo que contribuye a develar la cartografía de poder que fundamenta el sistema histórico que se inicia a partir de la primera expansión europea en el siglo XVI.

La perspectiva modernidad/colonialidad o perspectiva decolonial no debe confundirse ni con las propuestas posmodernas ni con las poscoloniales, siendo que éstas se constituyen como críticas eurocéntricas al eurocentrismo; la propuesta decolonial parte de una relectura de la modernidad, ubicando su origen no en el siglo XVIII con la Reforma, la Ilustración y la Revolución Francesa ni en el siglo XVII con el ego cogito cartesiano, en este sentido se asume que la modernidad se inicia con la expansión europea del siglo XVI, siendo que como lo plantea el filosofo de la liberación Enrique Dussel la condición de posibilidad del ego cogito son las ciento cincuenta años de ego conquirus que lo antecedieron.

Ubicar el origen de la modernidad en el siglo XVIII, como hacen los relatos posmodernos y poscoloniales, implica asumir el colonialismo como un subproducto de la colonialidad, es decir, al ser pensada la modernidad como producto de fenómenos intra-europeos, la ascensión de la Europa moderna, Inglaterra, Francia y Alemania se toma como hecho previo que permite a Inglaterra convertirse en centro del sistema-mundo, mientras que la expansión imperial/colonial se asume como hecho posterior. Por otra parte, si partimos, como hace la perspectiva decolonial de entender que la historia del sistema-mundo moderno se inicia mucho antes, en el siglo XVI implica develar el lado oscuro de la modernidad, la colonialidad como elemento constitutivo y característico del patrón de poder capitalista. En este sentido, significa asumir que la modernidad y la colonialidad son las dos caras de un mismo proceso, no hay modernidad sin colonialidad, esto es que el sistema histórico no debe ser pensado como sistema-mundo moderno, sino como sistema-mundo moderno/colonial.

Lo que caracteriza, entonces, al patrón de poder de dicho sistema histórico es su colonialidad . La colonialidad del poder se caracteriza, como la señala el sociólogo peruano Aníbal Quijano, en la clasificación etno-racial de la población como fundamento de dicho patrón de poder. En este sentido, la categoría de clase, utilizada por el marxismo como base para el análisis, se queda corta ya que la jerarquía de poder expresada en las jerarquías de clases no se explica por si misma, todo lo contrario es la categoría de “Raza” como principio organizador de las jerarquías de poder del sistema-mundo la que va a responder a la pregunta ¿quién hace qué?, esto es: va a dar cuenta tanto de la división internacional del trabajo como del sistema interestatal global y sus respectiva clasificación en estados metropolitanos que son centros y su relación con estados semi-periféricos y periféricos.

Es necesario precisar que cuando se piensa en “Raza” como principio organizador no se refiere exclusivamente a diferencias de color, sino a una clasificación construida a partir de jerarquías sexuales, de género, lingüísticas, epistémicas donde el elemento articulador y clasificador es la jerarquía etno-racial global entre Occidentales (como el lado superior) y no-Occidentales (como el lado inferior).

La colonialidad, entendida como constitutiva de la modernidad, opera en todos los ámbitos de la vida. Se expresa a través de un conjunto de jerarquías de poder articuladas en cuatro dominios de la experiencia humana, (1) económico: la apropiación de la tierra, explotación de la mano de obra y control de las finanzas; (2) político: control de la autoridad; (3) social: control del género y la sexualidad, y (4) epistémico y subjetivo personal: control del conocimiento y la subjetividad . En este sentido, la colonialidad, no sólo se expresa desde la colonialidad del poder sino al mismo tiempo a través de la colonialidad del saber , la cual revela cómo la epistemología eurocentrada y los procesos de producción de conocimiento afines contribuyen a la reproducción del sistema-mundo desde una concepción epistemológicamente racista y hegemónica.

Finalmente, los aportes recientemente realizados por el filósofo fanoniano Nelson Maldonado-Torres (2007) han dado cuenta de una tercera forma en la que la colonialidad se expresa, ésta es la colonialidad del ser . La experiencia de quienes han sido inferiorizados y subalternizados por la retórica de la modernidad y la lógica de la colonialidad, aquellos que han vivido la modernidad desde la invisibilización y no-existencia producto de la colonialidad, es decir, aquellos que han vivido desde el no-ser, aquellos que Fanon llamó “los condenados de la tierra”. Maldonado-Torres en un ejercicio de descolonización de Heidegger, asume la ontología como la condición del ser imperial/moderno, así establece dos espacios ontológicos diferenciados, el primero el trans-ontológico definido por todo aquello que esta más allá del ser y el segundo un nivel sub-ontológico, definido a partir de todo aquello que ha sido ubicado por debajo del ser en relación de inferioridad, este es el lugar de enunciación del no-ser, de los condenados de la tierra. Los proyectos de modernización que ocultan la colonialidad han sido un intento por llevar a las poblaciones del mundo que lo habitan desde el no-ser a la casa del ser. En este sentido, el éxito de la modernidad/colonialidad radica en hacer pensar a los de arriba como los de abajo, esto es, que los condenados de la tierra, quienes habitan en el no-ser se nieguen así mismo queriendo convertirse en sujetos modernos, es decir, pasar del no-ser al ser. Las propuestas indigenistas y de la negritud surgidas en el “caribe francés” fueron un mecanismo de resistencia que parte de la reivindicación del no-ser como espacio legitimo de enunciación; las páginas siguientes son un intento por aproximarse a la vida y obra de uno de los personajes principales del indigenismo haitiano, Jacques Roumain.

JACQUES ROUMAIN Y LA COLONIALIDAD DEL SER

En una pequeña isla del Caribe, el14 de agosto de 1769 se habría producido en Bois-Cayman una ceremonia del sacerdote vudú Boukman que es conciderada como el inicio de la más grande herejía al sistema-mundo moderno/colonial: la Revoloción Haitiana. Un grupo de Negros, encabezados por François Dominique Toussaint-Louverture, tuvo la intención de hacer-ser libres, la Revolución haitiana fue el peor de los pecados cometidos por los condenados de la tierra. Europa, el eurocentrismo como patrón de poder epistémico fundamentado en la clasificación etno-racial que constituye la matriz colonial de poder que fundamenta la racionalidad hegemónica del sistema-mundo moderno/colonial/capitalista/cristiano centrado/patriarcal (Grosfoguel, 2007), no le perdona a la Revolución haitiana el hecho de ser la única revolución, en el hemisferio, realizada y liderada no por los estamentos de la elite blanca sino por el componente esclavo de la población, la cual a su termino, en 1804, vino a constituir la primera República negra y el primer grito de abolición de la esclavitud en América.

El no-reconocimiento como república hasta mediados del siglo XIX, por parte de Francia, no ha sido la peor de las penitencias a pagar por parte del pueblo haitiano, la más importante ha sido la invisibilización y la expulsión de la historia y de la idea de América Latina. Para esto revisemos los textos escolares de historia y el papel que se le da a la revolución haitiana como la segunda independencia después de la de Estados Unidos (1915-1934).

La obra de Jacques Roumain y de los indigenistas constituyó un intento por reivindicar la cultura y la identidad de un pueblo que se atrevió a enfrentar las jerarquías etno-raciales que constituyen el patrón de poder del sistema-mundo. En este sentido la vida de Jacques Roumain es un ejemplo de cómo esta lucho continuó durante el siglo XX, en el marco de la intervención norteamericana en Haití.

Jacques Roumain, nace en Puerto Príncipe el 4 de junio de 1907, miembro de una familia acomodada, nieto de Tancrède Auguste, quien fuera presidente de Haití de 1912 a 1913, es educado en escuelas católicas de Puerto Príncipe, y posteriormente Suiza, Francia, Alemania y España. A los veinte años de edad regresa a Haití y funda junto con Philippe Thoby-Marcelin, Carl Brouard, y Antonio Vieux; La Revue Indigene: Les Arts et La Vie, de esta forma se convierte en uno de los principales activistas en contra de la ocupación de Haití por parte de las fuerzas norteamericanas iniciada el 27 de junio de 1915. En la cual Estados Unidos, bajo el amparo de la Doctrina Monroe, va a mantener el control de todos los asuntos del país durante 34 años, con el pretexto de poner orden y eliminar las amenazas a sus intereses económicos, especialmente a los intereses del National City Bank de New York. En el marco de la ocupación, Estados Unidos se hace con el control de las Aduanas y los gastos del Estado, impone una constitución, en 1918, redactada por F.D. Roosevelt, quien era en ese momento Secretario de Marina. Así, el aparato jurídico impuesto por Estados Unidos en Haití restringe y reserva la propiedad inmobiliaria, de forma exclusiva, a los extranjeros, lo que trajo como consecuencia el despejo de la tierra de manos de los campesinos y la obligación de estos a trabajarle a las transnacionales. Al mismo tiempo, se van a prohibir todas las prácticas sociales que sirven de vehículo de resistencia, por tanto, se prohíbe la práctica del Vudú y se inician persecuciones contra quienes lo practiquen.

Como activista de la lucha contra la ocupación, Jacques Roumain, funda en 1934 el Partido Comunista Haitiano (PCH), en tanto producto sus actividades de resistencia política, ligadas a la fundación del PCH (crítica política y la labor educativa entre los cuadros obreros y comunistas), es perseguido, arrestado y enviado al exilio por orden del presidente Stenio Vincent. Durante su exilio, trabajó con muchos de los más prominentes poetas y escritores panafricanos, entre los que destacan Langston Hughes, escritor estadounidense y máximo representante del llamado Harlem Renaissance, Pablo Neruda y Nicolás Guillen entre otros. Al mismo tiempo, durante su exilio estuvo vinculado a la Universidad de Columbia en la Ciudad de Nueva York, en la cual dirigió proyectos de investigación de carácter etnológico.

La obra de Roumain va estar cargada de la atmósfera de pesimismo y desesperanza propia de los jóvenes de la llamada “generación de la ocupación” , al mismo tiempo es una denuncia al perfil etno-racial que ha justificado la expansión de Occidente y de la cual es tributaria la ocupación estadounidense en Haití. La experiencia de Roumain transcurre en el primer periodo de la ocupación militar, cuando ésta se enmascaraba en una democracia representativa controlada por el sector mulato de la oligarquía. En este sentido, se debe señalar que si 1804, año de la “Independencia”, significó una ruptura con la esclavitud en la plantación, la ocupación iniciada en 1915 sería el detonante para una segunda lucha cuyo objetivo consistía en expulsar al colono y al mismo tiempo expulsar su imagen fascinante paralizadora ; esto significó por una parte alzamientos campesino, huelgas, etc. Pero al mismo tiempo inicio un movimiento de reflexión interna, movimiento de repliegue del haitiano sobre sí mismo que da origen al movimiento cultural conocido como “Indigenismo”, el cual radicaba en la valoración de la cultura haitiana como fuerza opositora al racismo.

El movimiento indigenista haitiano, parte de la revalorización de las raíces africanas, la cuales son negadas y menospreciadas por la burguesía haitiana, que prefería, en palabras de Price-Mars, ser “francesa de color” que haitiana sin más . La propuesta indigenista parte de la reivindicación del ser de los damnés, de los condenados de la tierra, de aquellos que desde la retórica de la modernidad y la lógica de la colonialidad han sido ubicados desde la negación del ser-colonial a través de los limites establecidos por el ser-moderno, es decir, la forma como ha actuado la colonialidad del ser. Pero, lo radical de la propuesta no está en el hecho de que se trate de convertir al no-ser (sujeto colonial) en el ser (sujeto moderno) sino en la reivindicación del no-ser como lugar de enunciación; esto es: la diferencia y la peculiaridad de la cultura haitiana por lo que tiene de negra y africana, es decir, precisamente en las características que alimentan al discurso racista.

Roumain muere el 18 de agosto de 1944, a los 37 años, por causas que hoy todavía continúan siendo discutidas, el legado de su obra consta de títulos como Gobernadores del Rocío, obra póstuma, reconocida como un clásico de la literatura afro-caribeña, donde Roumain va a transferir sus conocimientos en antropología a la ficción donde se encuentran una visón marxista y una narrativa en la que el devenir de los hechos se presenta como ritual. Encontramos, al mismo tiempo los tres cuentos reunidos en la obra titulada La Presa y la Sombra, publicados por primera vez en 1930 y la novela corta publicada en 1931, La montaña embrujada.

Parte de la obra de Roumain, constituye una crítica existencial a la burguesía haitiana, la cual reniega de su africanidad y busca replicar los valores y costumbres de la sociedad francesa, estando así atrapada en una doble conciencia que intenta ser francesa no siéndolo. Entre los ejemplo, encontramos en Prefacio a la vida de un Burócrata como Michel, personaje principal, se refiere a su suegra, la señora viuda de Ballin, al señalar como ésta se enorgullece de su rostro agudo, y exclama “vencí el atavismo”, esto es que su rostros no guarda ningún rasgo africano. Igualmente, Michel señala, que la mujer en cuestión es hija de una mulata (doña Oschle), casada con un teutón de origen lastimoso, convertido más tarde en un riquísimo comerciante, quien se refería a sí misma como: ¡nosotras las señoras alemanas!.

Sin embargo, más allá de las exclamaciones de doña Oschle y su hija, el elemento que revela con mayor precisión la crítica a la burguesía de Roumain, radica en la relación que Michel estable con su suegra, éste la odia duramente y la ama a la vez con una ternura vaga. No pude ignorarla. Ella es su revancha sobre esta sociedad portoprincipiana corrompida e hipócrita, bajamente burguesa, que lo quebró y que ella sintetiza perfectamente. Siente una alegría maligna, exaltante, al herirla, al hacerle daño y lo consigue siempre y con facilidad, porque la señora Ballin, tan superficial como es, se presta a ello.

De igual modo encontramos en Propósitos sin consecuencias el segundo de los tres cuentos de La Presa y la Sombra más ejemplos de la visión que Roumain tenía de la elite haitiana, en un pasaje en el que el personaje al que llama Daniel exclama: Triunfar. ¿Qué llama usted así? Ser abogado, ingeniero, médico, o peor: político; ganar dinero a fin de poder comer bien, tener un carro y ser miembro de un club. Pero tales satisfacciones exigen una inconsciencia animal. No, no triunfaré jamás. Además, ¡olvida usted que soy negro! Vaya un mediodía a la Calle Central y vea pasar en sus carros lujosos a esos mulatos, a esos “negros importantes”, coreando con el calor su grasa, como chocolate al sol; entonces usted comprenderá mejor la fábula del pote de tierra y el pote d hierro. Sólo que el bueno de La Fontaine ignoraba que en uno había café y en el otro cacao. Así, Roumain va a representar como la vida de lujo de la elite haitiana va a descansar sobre la miseria y la pobreza de la mayoría de la población haitiana.

En este cuento encontraremos, nuevamente, una afrenta a la burguesía que reniega de su origen africano y trata de reproducir los valores de la Metrópolis, hablar francés y hacerse de una profesión de prestigio, así encontramos el encuentro de dos de los personajes, Daniel y Jean, con un tercer personaje a quien se le identifica como: el poeta Emilio. Emilio los dirige al encuentro de una vendedora de comida ambulante, a quien le presenta a sus dos amigos (Daniel y Jean), y cuya formula de cortesía se ve expresada así: la señora Rose Rosélis, mis amigos Daniel y Jean, uno médico y el otro abogado. Como usted ve, eminentes representantes de nuestro medio intelectual y social. Nada raro ¿verdad? Todos los haitianos son abogados o médicos. Sobrevivencia ancestral, querida, es todo: en la tribu africana, el cuentero y el curandero eran altamente considerados. Como puede observarse, al ubicar el prestigio del cual gozan abogados y médicos en la sociedad haitiana no como producto de un reconocimiento social por su condición de profesionales formados bajo los principios de la metrópolis, sino la continuidad de una herencia africana que tiene a los cuenteros y a los curanderos como los sujetos de mayor prestigio social, invalida las pretensiones de desprenderse del pasado africano, como herencia de la sociedad haitiana reivindicándolo y dándole un papel central en la configuración de las relaciones sociales en la isla.

Estos son apenas algunos ejemplos extraídos de la obra de Roumain para tratar de iluminar un poco el papel que jugo en la lucha por reivindicar la cultura afro-caribeña, en especial en Haití, su país natal, en el marco de los movimientos políticos, culturales y epistémicos resumidos en el movimiento indigenista, del cual Roumain es figura principal y los planteamientos de la “negritud” desde la obra del recientemente fallecido Aimé Césaire, entre las que destacan el discurso sobre el colonialismo y la carta de renuncia al partido comunista francés dos textos de una lucidez extraordinaria.

La importancia de la obra de Roumain radica no sólo en su formación marxista, a la cual se mantuvo ligado hasta su muerte, sino al igual que Senghor, Price-Mars y Aimé Cesaire a su condición de hombre negro en tanto lugar de enunciación. Habitar el sistema-mundo desde el no-ser, desde la colonialidad y no desde la modernidad hace posible vivir, ser y hacer desde la experiencia del colonizado y no del colonizador. Aimé Cesaire resulta aquí otro ejemplo fundamental, mientras el mundo euro-norteamericano se pregunta todavía hoy como fue posible que el hogar de la Razón haya engendrado la monstruosidad del holocausto Nazi, Cesaire lo resolvió a principio de la década de los cincuenta al plantear, en su Discurso sobre el colonialismo, que lo que no se le perdona a Hitler fue que hizo en Europa lo que Europa ha hecho al resto del mundo colonizado.

“(…) valdría la pena estudiar, clínicamente con detalle, las formas de actuar de Hitler y del Hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX, que leva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora sólo se concernían a los árabes de Argelia, a los collies de la India y a los negros de África” Aimé Cesairé (2006: 15)

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