En Venezuela la clase política opositora es como el hijo
único que acostumbrado a jugar sólo (hacer lo que lo le da la gana) no concibe
la derrota. Sin embargo, este niño que no sabe cómo tratar a lo otro que le es
ajeno, y frente a la situación de no poder seguir jugando sólo (ni de imponer
las reglas del juego( hace pataletas para que sus padres (Estados Unidos y
España) intervengan.
Este niño frente a
la derrota sólo es capaz de argumentar que le han hecho trampa y retirarse del
juego, pero cuando ese otro (el pueblo) lo obliga a jugar (con las reglas del
pueblo) entonces argumentan que el juego no es así.
Amigos esta actitud es la actitud del colonizador, el que
des-humaniza al indígena, a la mujer, al homosexual, al que no es cristiano, en
fin al pueblo, a todo el que no es como él. El mecanismo para dicha
deshumanización es muy sencillo, una argumentación donde él considerándose centro
lo define todo por no puede ser definido.
Un mecanismo que resulta, por ejemplo, en:
(1) Participo en las elecciones. Si pierdo me hicieron
trampa, y al no poder demostrarlo entonces digo que el problema es que en
Venezuela no hay democracia (Claro siempre cuando la democracia sea lo que yo
tengo en la cabeza).
(2) Si todos los jugadores (los poderes del estado) están de
acuerdo con un criterio que no es el mío están mal, yo nunca me equivoco, yo
poseo la verdad, yo soy imparcial.
Existen otras expresiones de este modelo
(que por cierto es lo mismo que se aplica en Palestina, el Estado de Israel
puede hacer lo que se le venga en gana en nombre de la paz, mientras los
palestinos no, claro ellos son terroristas.), un modelo que supone una
dimensión espacial en la que el adentro (imperial) está lleno de contenido (por
supuesto civilizatoria y preñado de buenas intenciones) y un afuera vacío (que
sólo puede ser llenado por la ocupación del territorio o con la ocupación de las
subjetividades).
Escribo esto porque frente a la actual
coyuntura política la clase política opositora nuevamente saca a relucir su
modelo colonizador del mundo. Su premisa es “yo soy hijo único, al menos legítimo;
ustedes son mayoría pero no son legítimos, cuando mucho son hermanastros
producto de un desliz de papá con la cachifa o de mamá con el jardinero”. La legitimidad
de este hijo único es crucial para su argumentación, ya que como hijo legítimo
es el único con derechos sobre los bienes familiares, pero además es el único
que puede saber cómo ha de funcionar la familia.
Para este niño que los poderes públicos estén
de acuerdo entre ellos pero no con él resulta en ausencia de autonomía, y por
tanto (en su criterio) de democracia.
Compañeros de la clase política
opositora, la democracia deviene del ejercicio soberano del pueblo. Por lo
tanto, el pueblo siendo mayoría los ha derrotado durante catorce años. Si la
Asamblea Nacional (AN) y Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) están de acuerdo,
eso ni niega la separación de poderes y mucho menos violenta la democracia.
La AN es elegida soberanamente por el
pueblo, y en ella se expresa una mayoría revolucionaria. La AN elige a los
magistrados de TSJ, por lo tanto los magistrados emanan de la voluntad del pueblo
expresada en la AN.
En este punto les recuerdo que ustedes
decidieron no participar en el juego electoral dejando todo el campo de juegos
a quienes bregamos por la revolución, por lo tanto el actual TSJ es reflejo del
devenir histórico de éste nuestro proceso.
Es absurdo pensar que la separación de
poderes se evidencia si éstos poseen criterios distintos, y de ser así la
unidad del Estado no sería posible, sólo estaríamos en presencia de feudos que
negocian entre sí mediante el chantaje. Claro como esto no lo pueden decir
ponen sobre la mesa su visión colonial. Y en el fondo de lo que se trata es que
ustedes creen que son los únicos, los únicos que son y por tanto los únicos que
saben, por lo tanto en su criterio los poderes pueden estar de acuerdo entre sí
siempre que sostengan los mismo criterios que ustedes.
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