
Cuando ocurrieron los ya famosos hechos conocidos como la Masacre de Columbine, no tardaron en salir moralistas y conservadores de siempre (sobre todo los religiosos), quienes rápidamente comenzaron a encontrar culpables para los horribles actos cometidos en una escuela en los Estado Unidos. Por supuesto, no fueron capaces de ver más allá del conservadurismo clerical de una sociedad hipócrita a la cual los medios de comunicación le dieron su chivo expiatorio. Marilyn Manson (MM), sí el controvertido músico conocido como el Antichrist Superstar, quien ha sido abierta y radicalmente un crítico de la moral cristiana, fue encontrado culpable (mediáticamente) con el argumento de que los jóvenes que cometieron tan horrendo crimen "tenían discos del cantante en sus cuartos”, era el momento de gloria grupos cristianos del conservadurismo norteamericano que llevaban años saboteando sus presentaciones y quemando discos al mejor estilo de los cuákeros, era la hora de MM, como en el pasado lo fue para Judast Priest u Ozzy Osborne. Sin embargo, un cineasta llamado Michael Moore sería uno de los pocos que se atrevería a hacer una entrevista a la controvertida figura para el documental que realizaba sobre la masacre. En la conversación establecida entre el cineasta y el músico, Moore pregunta a Manson, ¿qué le dirías a los jóvenes que cometieron la masacre? A lo que Manson responde, no les diría nada, les preguntaría que tienen que decir, los escucharía; y por ultimo señala: algo que nadie había hecho.
Traigo a la memoria éste lamentable hecho, y la posición adoptada por quien fuese acusado por promover la violencia entre los jóvenes y alejarlos de los valores tradicionales, ya que en estos momentos en Venezuela se plantea, muy al estilo de los años de la prohibición en los Estados Unidos, prohibir la venta de video-juegos que sean clasificados como violentos. Pero además, (1) porque quiero poner en evidencia la hipocresía de nuestra sociedad, (2) poner la discusión en perspectiva, es decir fuera de la defensa imbécil y liberal de la libertad de expresión y de elección (que seguramente harán los sectores de oposición al gobierno) y fuera de los moralismos y conservadurismo de la “izquierda” en el poder.
Resulta ridículo sostener el argumento de que los video-juegos promueven la violencia, sobre todo cuando viene de quienes jamás han tocado una consola (y ni saben a lo que me refiero con dicha palabra, ya que su léxico se reduce a la palaba nintendo). En este sentido, cabe la crítica hecha tantas veces a Umberto Eco, cómo habla sobre la TV alguien que no la ve. Suponer, tras una requisa policial de su cuarto, que quien asesina, al este u oeste de la ciudad(estas dos como categorías sociales y culturales), teniendo el objetivo que tenga, lo hace porque jugaba Call of Duty, Resident Evil o cualquier otro juego por el estilo, no sólo es arbitrario sino estúpido; ya que existen millones de personas que juegan los mismo juegos y no van matando gente a diestra y siniestra. A este paso, la Asamblea Nacional, sea roja-rojita o escuálida-escualidita (porque aquí si es verdad que están deacuerdo: en su moralismo hipócrita) tendrá que revizar todos los juegos infantiles como mecanismos rituales que desahogan la violencia contenida en la sociedad. Así, de prohibir los juegos de videos violentos (aunque, hay que preguntarse cual de los expertos jugadores de juegos de videos de nuestra clase política serán lo censores) pasaremos a prohibir la venta, fabricación y divertimento con las tradicionales piñatas. Y es que yo preguntaré, será que los defensores de unos valores que nunca existieron podrán justificar como matar a palos a el muñeco preferido de tu hijo, mientras éste último llora, es educativo y no-violento, o que las guerras de trompos no enmascaran ningún tipo de violencia ritual.
Resulta ridículo sostener el argumento de que los video-juegos promueven la violencia, sobre todo cuando viene de quienes jamás han tocado una consola (y ni saben a lo que me refiero con dicha palabra, ya que su léxico se reduce a la palaba nintendo). En este sentido, cabe la crítica hecha tantas veces a Umberto Eco, cómo habla sobre la TV alguien que no la ve. Suponer, tras una requisa policial de su cuarto, que quien asesina, al este u oeste de la ciudad(estas dos como categorías sociales y culturales), teniendo el objetivo que tenga, lo hace porque jugaba Call of Duty, Resident Evil o cualquier otro juego por el estilo, no sólo es arbitrario sino estúpido; ya que existen millones de personas que juegan los mismo juegos y no van matando gente a diestra y siniestra. A este paso, la Asamblea Nacional, sea roja-rojita o escuálida-escualidita (porque aquí si es verdad que están deacuerdo: en su moralismo hipócrita) tendrá que revizar todos los juegos infantiles como mecanismos rituales que desahogan la violencia contenida en la sociedad. Así, de prohibir los juegos de videos violentos (aunque, hay que preguntarse cual de los expertos jugadores de juegos de videos de nuestra clase política serán lo censores) pasaremos a prohibir la venta, fabricación y divertimento con las tradicionales piñatas. Y es que yo preguntaré, será que los defensores de unos valores que nunca existieron podrán justificar como matar a palos a el muñeco preferido de tu hijo, mientras éste último llora, es educativo y no-violento, o que las guerras de trompos no enmascaran ningún tipo de violencia ritual.
El problema de la violencia en las calles de Venezuela poco tiene que ver con el acceso a ciertos y determinados juegos de video y más con un contexto social que agrede a los sujetos constantemente y en la cual la palabra respeto ha salido de nuestros diccionarios. Un contexto donde, el que chofer de autobús, el de la Hummer, la vespa o la Harley Davidson te agrede diariamente frente al semáforo que cruzas todos los días, cuando se come la luz poniendo tu vida en peligro, poco tiene que ver con juegos de video (o van a incluir en su lista de juegos prohibidos a los juegos de carros, need for speed y compañía). Pues, parecería que comerse la luz tiene menos que ver con el desastre en el que se han convertido nuestras ciudades y con el hecho de que nuestro conductores obtengan su licencia en una caja de jabón (en serio cuantos de ustedes han sacado la licencia usando los caminos regulares). De igual modo, la violencia real (esa de la que la piñata no forma parte) es el devenir causal de la violencia virtual, la de los juegos de videos y no producto de la desigualdad social.
En esto último, la piñata nos vuelve a resultar ilustrativa; es el capitalismo nos dicen, y bien, uno pudiera echarle la culpa al sistema mediante un eufemismo cuasi alegórico que nos habla de las consecuencia sociales de un modelo civilizatorio que es irracional, que atenta contra la vida. Pero detengámonos un momento y veamos que ocurre una vez rota la piñata, todos, padres, madres e hijos se lanzan al suelo para, y lease bien, conquistar lo que había en el interior de la figura ahora maltrecha y molida a palos. Es el momento del todos contra todos, el sálvese quien pueda y momento de triunfo para quien obtenga la mayor cantidad de objetos de consumo salidos de las entrañas de la bestia. Por eso vuelvo a preguntar, esta sociedad y sus legisladores están dispuestos a prohibir las piñatas, lo dudo, su conservadurismo burgués y su moralismo cristiano de izquierda o de derecha constituye un régimen discursivo muy difícil de sortear para quienes lo habitan. Y es que así como comunistas y liberales, chavistas y neoconservadores, apocalípticos e integrados defienden unos mismo derechos humanos, contradictorios y liberales, que ponen de manifiesto contradicciones insoslayables, por lo menos dentro del marco jurídico-epistémico que los formula, también nos hablan de unos valores, siempre conjugados en primera persona del plural y en tiempo pretérito, es decir unos valores que fueron nuestro y que debemos rescatar.
Esta ficción, movida por una teleología social que invita a pensar la inevitabilidad del retorno a los valores trascendentales de la nación nos ciega, nos manda por el camino de aquellos que no somos capaces de ver los problemas estructurales que hemos tenido como sociedad o en el peor de los casos, no resulta políticamente correcto decir lo que de verdad pensamos sobre nosotros mismos y lo que somos, una urdimbre de contradicciones surgidas de las llamas que forjaron el colonialismo y a la sociedad moderno/colonial.
1 comentario:
Mi lindo, buenazo el discurso. Ergunos errores de ortografía pero buenazo y de un divertido q ni te cuento
Publicar un comentario